Transport & Cargo

Consorcios portuarios: fórmula de desarrollo

Consorcios portuarios: fórmula de desarrollo

Por Agustín Barletti

En la administración de los puertos consorciados se debate el interés público y el privado, en un ámbito más democrático y participativo. Hasta inicio de los 90, un funcionario de la Administración General de Puertos, a la sombra del Obelisco, determinaba, por ejemplo, lo que debía hacerse en el puerto de Ushuaia, o Bahía Blanca. Esta centralización, derivó en la parálisis de todo el sistema portuario nacional.
Tras la sanción de la ley 24.093 de Actividades Portuarias, en 1992, se dio paso a un virtuoso proceso de descentralización y privatización que logró cambiar los antiguos puertos sucios en complejos logísticos que llegaron a ubicarse entre los más eficientes del mundo. Este objetivo, que parecía de imposible cumplimiento, se produjo por el ingreso de inversiones privadas, pero por sobre todas las cosas, por la cercanía en la toma de decisiones. Los puertos fueron transferidos a las provincias y éstas pergeñaron distintas instituciones para administrarlos. Buenos Aires, optó por la fórmula del Consorcio de Gestión con un presidente elegido por el gobernador, y directores que representan a los distintos sectores interesados en el quehacer portuario.
Este modelo, que ya demostró su eficacia en los puertos de Bahía Blanca, Quequén, Mar del Plata, La Plata y San Pedro, se extendió recientemente a Dock Sud, San Nicolás y Coronel Rosales. Asimismo, no existe solo en la provincia de Buenos Aires, también se desarrolla con éxito en la provincia de Santa Fe a través de los entes administradores para sus puertos. Lo cierto es que la autonomía no es un invento argentino, sino que está tomado de modelos europeos y americanos donde desde hace muchas décadas funcionan y están vigentes en los principales puertos del mundo.
En la administración de los puertos consorciados se debate el interés público y el privado, formando un ámbito mucho más democrático y participativo, donde convergen representantes del Estado y empresas privadas con miras al desarrollo regional y el de los trabajadores. De este modo, se garantiza la representación de los diversos sectores involucrados en la actividad portuaria, su participación en la toma de decisiones, se coordinan los esfuerzos para acotar los tiempos de acción y se aumenta la fiscalización sobre la decisión adoptada.
No es entonces casual que, desde la puesta en marcha de los consorcios, los puertos bonaerenses no hayan detenido su crecimiento. Bahía Blanca, por caso, movía tres millones de toneladas en 1993 cuando se creó el consorcio portuario y acaba de cerrar 2019 con casi 22 millones de toneladas.
Con más de un millón de toneladas en enero, Puerto Quequén registró el mejor mes de su historia. Esto se consiguió en parte por la obra de dragado que alcanzó los 50 pies y llevó a Quequén a ser el puerto más profundo de la Argentina. Y esta obra se realizó por la seguridad jurídica que ofrece el modelo de consorcio para los inversores.
Por su parte, Puerto La Plata consiguió desde su consorcio llevar a cabo importantes obras de infraestructura, junto al proceso de licitación y puesta en marcha de la terminal de contenedores de TecPlata. A su vez, San Pedro dejó de ser un puerto desaparecido de las cartas náuticas para convertirse en un nodo logístico para la exportación de cítricos.
El acierto del legislador nacional y provincial de principios de la década de los noventa se refleja en estas cifras de crecimiento. El desarrollo exponencial muestra entonces las bondades del modelo autónomo de gestión. Es de esperar que la figura del consorcio portuario, que nació de un acierto político, no se cuestione ni se ataque por un error político. Fuente: Transport & Cargo, El Cronista
 



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